La teoría de la épica en el Renacimiento

La teoría de los géneros en la poética neoaristotélica del Renacimiento: problemas teóricos. La Poética aristotélica propone un sistema de tres especies de la poesía (tragedia, comedia, épica), basado en las determinaciones de la imitación. Sin embargo, sólo una de ellas, la tragedia, es objeto de una exposición detallada y autónoma. El pensamiento neoaristotélico (que se sistematiza en el siglo XVI, tras el redescubrimiento, edición y traducción de la Poética a fines del siglo XV y comienzos del XVI) dominó la teoría literaria europea hasta el Romanticismo. A partir de la primera mitad del siglo XVI, desarrollará una teoría de los géneros basada en las indicaciones del texto de Aristóteles, si bien encuentra varios problemas teóricos relevantes. Baste señalar los que interesan más a esta investigación: (a) el de desarrollar una teoría de la épica -que es el género primero en excelencia, según las poéticas del Quinientos- que apenas está esbozada en el texto; (b) el de conformar la teoría de la comedia que la Poética promete pero no ofrece y que, presuntamente, pudo haber sido el tema del segundo libro, perdido, de la obra; (c) el de completar el sistema de especies o géneros de modo que acoja a las que sólo reciben una mención ocasional en el texto aristotélico (himnos, encomios, mimos, diálogos socráticos, elegías) y a las que ni siquiera figuran en él, pero son las más cultivadas en las nuevas literaturas vernaculares, como, por ejemplo, la novella corta boccacciana o la nueva lírica culta petrarquista.
Ahora bien, en la poética del Renacimiento, la idea de poema heroico no sólo procede de la reinterpretación y exégesis de la Poética aristotélica: a ella se suma la consensio con otras fuentes clásicas generales y con otros textos menores, entre los que se cuentan los praenotamenta virgilianos, que, en la consideración de la qualitas carminis de la Eneida, suelen exponer unas brevísimas y sucintas líneas maestras del género, en términos no siempre compatibles con los de Aristóteles. A esto ha de añadirse que, en los medios neoplatónicos de fines del XV, arraiga una interpretación alegórica de la épica antigua -auspiciada por Landino- que continúa, por una parte, una tradición de lecturas morales y cristianas de Virgilio (la de Fulgencio o Bernardo Silvestre), y que también se ampara en la reciente recuperación de las defensas homéricas del platonismo medio y tardío, y, en especial, (a) en las disertaciones V y VI de Proclo sobre la República platónica y (b) en los opúsculos porfirianos de interpretación homérica, y, en particular, en el De antro Nympharum. La recepción activa de la épica latina, la discusión sobre la épica histórica lucaniana, la recepción de textos teóricos griegos y latinos, y la reflexión sobre la escritura épica contemporánea permiten asediar la complejidad de la nueva teoría quinientista de la épica, que quiere dar cuenta no sólo de las doctrinas clásicas, sino también de los problemas suscitados por la épica contemporánea.